sábado, 11 de marzo de 2006

No quedan días de verano

Aqui de nuevo...

No quedan días de verano
el viento se los llevó,
y un cielo de nubes negras
cubría el último adiós...



Sin duda, me terminó gustando este dúo español. En éste mismísimo momento escucho el tema "No quedan días de verano". Anteriormente había escuchado varias canciones de Amaral en la radio, pero durante este verano terminé por convencerme con el grupo gracias a la influencia de cierta personita. No soy un tipo fácilmente influenciable (eso hay que aclararlo), pero ella me ayudó a descubrir la fuerza interpretativa de Eva Amaral, la fusión de sonidos en sus canciones (rock, pop y flamenco) y el contenido realista de sus letras. Podría decir muchas cosas respecto a este dúo, pero eso es trabajo de un crítico de espectáculos. A mi solo me gusta, aunque yo le hubiese dado la antorcha de oro y la gaviota de plata en el festival de Viña.

Literalmente... no quedan días de verano. El sol ya ni calienta como antes y el mar se puso más bravo. Los días se hacen más cortos y el viento Sur sopla con más fuerza haciéndose más frío con el avance de los días. Típicos síntomas del adiós del verano y de la llegada del otoño (mi estación favorita).

Ayer quise ir a la playa, acompañado con amigos o por último con algunas de mis hermanas. Nadie me pescó. Pero el día estaba imperdible según yo, así que aproveché de sacar mi bicicleta y salir a revolcarme un rato a la arena y ver que se podría dar por esos lados. Así lo hice, pero ya no tenía el mismo gustito de hace días. Como haya sido la cosa, igual me relajé demasiado. Me bañe en las gélidas aguas de la Bahía Carnero y tomé sol hasta cuando estuve completamente seco antes de marcharme a mi casa.

Fue un verano muy particular, tranquilo... pero bueno. Fue distinto a los demás veranos, porque noté un cambio en mi actitud en comparación a los estivales ya pasados. Ya no era el tipo que andaba como loco rompiendo olas, ni el chico traumado que no lo sacaban del agua ni con grúa donde quiera que fuese. Tampoco anduve haciendo mis típicos numeritos en fogatas, ni en las salidas de camping, ni en aquellos asaditos varios (que no fueron muchos). Me encontré más maduro, aunque no tanto, pero algo, un poquito nada mas..., si..., no mucho...

Pero lo que más rescato de este verano, es que fue más familiar que los anteriores. Como que pasé mas tiempo con los míos. Me di el tiempo para conocer a mis hermanos después de tantos años sin sentarnos a pelear bien duro y a aclarar inmediatamente nuestras diferencias de modo civilizado. Tuve la impresión en que después de cinco años, ellos me volvían a conocer. Claro, porque pase más tiempo con ellos. No fueron días, semanas, ni un mes... fueron varios. Período necesario para ellos, para que pudieran conocer que no soy un hermano tan malo (jejejeje). Y de mis papas? ni hablar, con mi Mamá, la relación se estrecho mucho más. Pero aún así, no viviría con ellos ni jodiendo (toco madera).

Pero no sólo eso. Aproveché de reencontrarme con viejos amigos y ex compañeros de escuela y de liceo que no veía en años. Saber de algunos que ya estaban casados, que eran padres y que tenían una vida formalizada (por así decirlo). Muchos temas de conversación, algunos muy profundos y otros demasiados divertidos. Y con mis actuales “cumpas” con los cuáles pasamos gratos momentos.

Ahora me recuerdo de aquellas charlas que teníamos en la orilla del río en algunas tardes de Enero. Nos duraban hasta llegar la noche y terminábamos picados de zancudos y tullidos. O de las salidas en bicicleta en hora de once con el Cristián, donde siempre nos tenía que pasar algo, bueno o malo, pero siempre salíamos con una sorpresa. Las charlas y tallas que echábamos con la Abigail en el parque costanera, donde nos reíamos de nuestra visión (ella liberal y yo irónico) de ver la vida.

Ah! Y de mi estadía en el campo, en la cordillera, en el alto Bio Bio, en el lago Lleu Lleu compartiendo con las comunidades mapuches de ese sector. Cuando fui por primera vez a un Guillatum, a un funeral mapuche y donde conocí a mucha gente wuinca, como al intendente Tohá y a varios otros políticos. De las aventuras con mis primos, primitos y tíos en algunas reservas naturales y parques nacionales como el Tolhuaca y el Manzanar.

En fin, trataré de guardar esos buenos momentos de los que viví en este verano. Traté de resumir algunas cosas pero en general, es eso. Un verano “piola”, tranquilo y familiar. Y para que decir de esos días de calor... estuvieron geniales. Ya se me va este verano y no me queda más que recordarlo, escuchando de fondo las canciones de Amaral, que me ayudarán a atesorar estos gratos días de verano que ya se van.


2 comentarios:

Profesur dijo...

Hola, bastante entrete tu artículo. La 8va región tuve el placer de conocerla y es definitivamente hermosa.
Hablas de la playa, de bañarte, tenderte en la arena hasta secarte, qué suerte ustedes allá en el norte, lo que es yo me he crecido siempre junto al helado estrecho de magallanes donde durante todo el año la temperatura de sus aguas es de unos 2 grados y como si el frio no fuera poco, ni pensar en bañarte porque los desechos de la ciudad van ahí. Sólo para caminar por la orilla, una linda vista quizá pero nada de bañarse.
Espero tengas un buen año,
saludos.

yaritza sanchez dijo...

te dejos mi saludo y te felicito es muylinda tu carrera de agronomia te felicito cuando yo sea grande voy a estudiar enfermeria odentista me gustan esas carreras