martes, 30 de mayo de 2006

Gonzalo Rojas


Veo un río veloz brillar
como un cuchillo,

partir mi Lebu
en dos mitades de fragancia,

lo escucho, lo huelo, lo acaricio,
lo recorro en un beso de niño como entonces,
cuando el viento y la lluvia me mecían,
lo siento como una arteria más
entre mis sienes y mi almohada.




Extracto de "Carbón" del poeta chileno Gonzalo Rojas,
Premio Nacional de Literatura, Premio Cervantes 2003,
Candidato a Premio Nobel de Literatura 2006.


jueves, 25 de mayo de 2006

Sensaciones Muchas

Querido Blog...

Ese rato, me dirigí a la cocina a preparar un rico té con limón para tratar de hacer más placentero este resfrío, que se me ha prolongado ya por varios días. Pero al abrír el refrigerador para sacar los limones, me topé con una botella de chicha de manzana. En ese momento, aquel dicho popular: “Lo que uno propone... Dios dispone”, se convirtió en ley. Cambié la idea original por ese tentador brebaje natural que se notaba fresco y frío.

Tres tiritones al primer sorbo, me dieron a entender que aquella “muy distinguida bebida”, se encontraba en estado de fermentación avanzada (fuertona). Mis ansias de “beber” de aquel juguito de fruta, hacían que mis papilas gustativas se hicieran notar, haciendo agua mi boca. Como no vi a nadie alrededor, me adueñe de ese litro de chicha (litro y medio), me lo llevé a un lugar retirado del mundanal quehacer y me lo serví poco a poco.

Terminado el ritual de degustación y con los ánimos recargados, compruebo que recupero la inspiración (que se me había perdido por mucho tiempo), y se me vienen esas ganas repentinas por escribir. No sabía exactamente el motivo de tan misteriosas ganas. Me pregunté: ¿Será el factor etílico el responsable? No sé. El asunto fue..., que con cierto “grado” de felicidad y astringencia papilar, traté de pensar en que podría escribir. Tenía claro que las ganas de garabatear estaban, la inspiración creo que también, pero la disposición para pensar?… parece que no. Se me vinieron un montón de cosas a la mente, cabeza o cerebro (no se mucho de esas cosas). Sensaciones surtidas y todo, pero nada fluía.

Miro fijamente entonces a quién según yo podría tener la culpa de tan extraña confusión… ¡Mi lápiz! Es ahí donde le pregunto sin vacilación y con cierta cuota de autoridad: ¿sssomo’ amigo’sss o no sssomo’ amigo’sss?!!!

Aquel individuo se veía débil, "flacucho", como tambaleante, medio mareado, sin ganas de discutir. Al verlo así, me embargué en una pena tremenda por él. Así como con ganas de llorar por no poder ayudarlo. Increíblemente aquel lápiz azul, había tocado lo más profundo de mi corazón. Lo abracé fuertemente con mis dedos y le dije que todo iba a pasar. Que todo lo que nos ocurría en esta vida era para mejor. "Que no ahí mal que por bien no venga"… y todas esas frases raras y típicas que se expresan por ahí las personas cuando alguien esta de duelo.

Le dije muchas cosas o cosas muchas. Hasta que según yo estuviera más repuesto. De ahí el me respondió con una sentida expresión: ¡Puxa que te quiero weo…!! Ese breve comentario, me dio a entender la buena relación que ambos habíamos alcanzado en ese momento. Yo le dije con total entusiasmo: ¡¡No te gastí’s nunca compare!! El me respondió: Nunca weo…!! Nunca!! Que bien, me sentía feliz y no sabía por que.

Bueno, muchas sensaciones o sensaciones muchas, que no tenía idea de por que las sentía. Las ganas de “carretear” en ese momento no faltaron. Pero me encontraba solito, o sea… yo con mi lápiz. Le converse que la otra vez, le había enseñado a la flaca (mi hermana) a bailar tango. Que entre tanto "chute" al aire nos había salido una muy buena “performance”. Aunque parecía clases de “capoeira” (no se como se escribe), igual la habíamos pasado muy bien en ese rato de reencuentro familiar.

Lo convidé a bailar, pero el lápiz me dijo muy enfurecido que no bailaba con weo… De verdad me jodió medio-medio y me sentí de sobremanera ofendido por ese “retamboreado” y “flacucho” lápiz. Mientras me debatía maliciosamente, entre agotarlo en ese mismo instante o dejarlo para otra ocasión, escucho la voz sorpresiva de mi Padre en la cocina preguntando por la chicha.

Ahora la sensación era de preocupación. ¿Qué "chiva" invento? Le pregunté a mi mejor amigo en ese entonces ahí presente (mi lápiz), el cuál me dijo que lo “engrupiera” con eso de las propiedades benéficas del vinagre de manzana sobre el tracto digestivo. _Chicha y vinagre de manzana ¿que relación tienen?. Me pregunté.

Aunque me costó al principio, pensé que no sería mala idea, sobretodo si lo asociaba con esta gripe que padecía. Además, no sería malo asociarlo también a la gripe aviar o a la fiebre aftosa. Tenía que puro confiar en mi poder de convencimiento y de seguro me creería todo. Así que confiado me fui (o me fui confiado), a dar la cara y a contarle a mi progenitor de las propiedades milagrosas del "juguito" fermentado de manzana.

Anda a saber uno eso de las propiedades beneficiosas de la chicha de manzana, que sirve para adelgazar y para regular el tracto digestivo, según dicen. Lo bueno de todo esto fue, que por un instante, la "chichita", me ayudó a ver la vida de un profundo color azul. El color azul de aquel lápiz que utilicé, para escribir este loco y fantasioso relato.

domingo, 14 de mayo de 2006

El Mar de Madrugada


Ya se me había olvidado lo fuerte que ruge el mar durante la noche por estos lados, en épocas de otoño e invierno. A menos de 3 Km. de mi ventana, aquellas olas que ininterrumpidamente rompen sobre las rocas, se convierten en el único sonido que memoriza mi inconciente.

Creía que la principal causa, de que por estos días el quedarme dormido se haya convertido en un suplicio, solamente se debía a la actividad del océano y a las corrientes estivales del Ártico. Desde esta madrugada, tal suposición queda completamente obsoleta.

Lo cierto, es que justo en las noches y más aún cuando el amanecer está por comenzar, al mar se le ocurre agitar sus olas con esa magnitud, atormentando mis variadas convicciones, haciéndolas tambalear como castillos de arena, cuestionando mi actual realidad y trayendo a la memoria mis recuerdos.

Son recién las 5:30 AM. No quiero pensar más. Sólo deseo sentir el estruendo de aquel frío gigante que se contiene en aquella playa donde de día recurro a buscar ese azul sosiego.

Cierro mis ojos y me abandono, sumergiéndome debajo de las tibias frazadas de mi cama, creyéndome fundir con aquel bendito mar, que en ésta larga madrugada, se ha convertido en el único testigo presencial y sonoro de mi desvelo.

viernes, 21 de abril de 2006

Happy birthday


En un día como hoy, hace 25 años, a la edad de veinticinco años,
mi madre me trajo a este mundo... jejeje.


miércoles, 12 de abril de 2006

Mutilla, membrillos, piñones, moras, castañas, copihues y avellanas.

Aqui de nuevo...

Hay personas que sufren de depresión post-vacaciones a causa del término del período estival y por la vuelta al trabajo, la rutina y el frío. Conozco a varias personas que ya están pasando por eso en este momento. La verdad que es una “lata” por ellos. Pero como dicen: No hay mal que dure cien años.

Por suerte, ese tipo de depresión no me ha llegado a tocar... creo. Al contrario, disfruto caleta del “vientecito” helado de las tardes de marzo y abril, y de todo lo que implica el otoño. Si bien, en los veranos la paso la “rax”, parece que soy mas de frío que de calor.

En abril estoy de cumpleaños. Típico... mes que naciste... mes favorito. Pero en mi caso no es tan así. Marzo y abril es temporada de: membrillos (mi fruta favorita), mutilla, piñones, moras, castañas, copihues y avellanas. Y es que me gustan “caletas” esos frutos silvestres y muy típicos de acá del Sur. Eso de haber crecido en un ambiente apegado al campo, me hizo como valorar mucho estas cosas. Para algunos no tiene mucha importancia, pero para mi en particular, como que anhelo que llegue esta temporada. Bueno, igual hay toda una historia por detrás, de aquellos momentos cuando íbamos a recolectar moras, mutilla, etc. Aunque suene medio loco decirlo, en ese tiempo era el medio panorama para mi.

Mi hermana me dijo ayer que se comprometía a que si algún día me muero, me enviaría al cementerio membrillos en ves de flores. Me gustó la idea: Una tumba “enmembrillada”. Siempre me regala un membrillo para mi cumpleaños... uy!! ya se me hizo agua la boca.

Y es que en mi casa saben que soy fanático de estas cosas. Me tienen que estar restringiendo... como que me cuesta controlarme jejeje. Pero así no más. No hay como el olorcito al canastito de mutilla, al dulce de moras casero, al membrillito con sal, a los copihues estampados en el campo, las castañitas, etc... etc.

En este mismo momento mi mamá esta cociendo piñones... mmmmm... iré a “cachar” que onda. No quiero que me dejen sin mi buena porción (jejejeje).

jueves, 30 de marzo de 2006

Crónicas de Universidad


Es día martes y Gabriel se dirige al nuevo casino inaugurado en el campus central de la Universidad. Ese casino que a simple vista parece un acuario, construido entero de vidrio y donde es posible apreciar todo su espacio interior desde afuera, junto a las personas que en él se encuentran.

Pero antes de cruzar la calle Uruguay la seguridad de Gabriel se ve perturbada de forma sorpresiva. Mónica, una chica de pollera celeste lo reconoce y contempla entre reojos su aproximación.

Sin duda algo inquieta a Gabriel... algo que lo saca de su habitual concentración. Mónica se da cuenta desde el interior del casino. Para ella es fácil advertirlo en él, ya que en estos tres meses de primer año universitario lo ha aprendido a conocer bien.

Siempre cabe la casualidad de compartir los mismos lugares, creándose un vínculo algo diferente. Más aún, perece ser que el coincidir en ciertos lugares no tiene nada que ver con las probabilidades, todo lo contrario, obedece a sus propias intenciones. De otro modo, como explicar el repentino gusto de Mónica por el café acompañado de un cigarro en aquel casino de vidrio, y del agradable sol de mayo en la plaza Los Aromos.

Ella disfruta con verlo pasar entre tanta gente y hasta es capaz de reconocerlo entre la multitud. Por un momento, Mónica se siente estar en un gran teatro tratando de lograr que el actor principal la mire sólo a ella, que actúe como si fuera su única espectadora. Y es que a ella le gusta mucho la exclusividad. Cuando ambos adolescentes conversan, ella se siente gozar de esa exclusividad, creyendo ser parte de un mundo... aquel mundo que no existe cuando habla con Gabriel.

Gabriel sigue su ruta habitual, llega a la esquina, dobla y se pierde tras los altos árboles del lugar. Mónica y su amiga se dirigen a clases, y es sólo en ese momento, al ver como aquel delgado joven se aleja, cuando ella se queda en completo silencio.

Ya van un par de años y hace tres meses Gabriel y Mónica se reencuentran nuevamente aquí en la universidad. Junto con ellos, las cosas parecen haber cambiado mucho. Hoy los escaños parecen estar siempre ocupados, el cielo nublado y el viento que corre es capaz de helar los pensamientos. Mayo le juega a ambos una mala pasada. La voluntad es cosa de locos y ellos no quieren correr el riesgo de perder la cabeza.

jueves, 23 de marzo de 2006

Noche de penas

Otra vez estoy aquí. Claro que esta vez me escapé de la burbuja en la que me encontraba y decidí aislarme del resto, buscando la tranquilidad de esta noche otoñal, sentándome a la orilla del camino.

En el momento en que me siento, me doy cuenta que la calle esta absolutamente desierta. Bueno... casi desierta. Salvo por aquellos dos perros que vagan por ahí cerca, mirándome con cierta lástima como adivinando mi desdicha. Me doy cuenta que mis vecinos se encuentran en sus hogares, todos refugiados frente al televisor. El cemento está muy helado, pero aún así resisto el frío, todo por disfrutar de ésta noche fresca, clara y estrellada.

Pienso en mi Blog, uno de mis refugios favoritos para depositar mis impresiones. Me decido por trazar este preciso instante. Instante en el cuál escupiré toda esta pena que llevo dentro. Así lo haré, aunque se lea algo patético. Y lo siento mucho por aquellas personas que leen mi bitácora y que además de encontrarlo triste, “patúamente”no postean. Pero "así no más es la cosa", es mi espacio personal y en mi vida no siempre cunden los buenos momentos.

Casi siempre trato de rehuir la pena, pero ésta al final siempre me alcanza. Hoy es un día de ésos, día de penas varias. Pienso muchas cosas, pensamientos tan rápidos que vuelan como los mosquitos en las luminarias. Tristezas acumuladas de días pasados, que me nacen del interior, como del estómago, y que se deposita y crece como un tumor, aportando todo su dolor a través de mi débil cuerpo.

Definitivamente, las relaciones humanas no son lo mío. Por eso mismo creo que me volveré un ermitaño o un autista. Estoy cansado de decepcionar y de recibir decepciones. “El que no se arriesga no cruza el río”... bla bla bla..., me vale un ajo esos dichos en este momento. Aburrido de buscar respuestas en la gente: en sus actos, en sus dichos, en su forma tan variada de ver la vida, para así de una vez lograr comprenderlos. Sé que no hay nada que entender, solo ver. Muchas ideas que me confunden. Y es tanta la confusión que me da miedo. ¿Adán con miedo? Si, también siento miedo. Me pregunto: ¿qué esperar de la gente? ¿qué esperan ellos de mi?, y solo viene un rotundo: ¡NO SË!. No me importa saberlo tampoco, por hoy cierro mis ojos para no saber de nada.

Esta claro que mis penas tienen un origen... yo. ¿Seré entonces yo el problema?. Y otra vez la respuesta: ¡NO SÉ!. Quito bruscamente mi mirada del oscuro bosque y la dejo caer sobre ese auto que se aproxima, solo para que aquellas interrogantes no sigan perturbando más mi mente.

Aunque me muestro firme frente a todos, las palabras de ciertas personas han caído hondo sobre mi, hiriendo mis sentimientos sin yo poder decir o hacer nada.

Trato de esperar mi ansiada libertad, pero es como esperar nada. Mi conciencia me habla y me responde: El que espera y confía en el hombre nada recibirá, y el que ama esta vida prontamente la perderá. Claramente me siento decepcionado de este mundo y su sistema. Creo ser un extraño en mi propia sociedad. Ya no quiero cuestionar más a la gente ni saber que ellos mismos me cuestionen. Evitaré de mostrarme racional y desbordaré toda mi locura en pos de mis razones. Seguiré levantando más alto esta muralla que construyo, la muralla de mi orgullo, la que me servirá para aislar mis mundos de los demás mundos que me invaden.

Pero, ¿por qué pensar así?. Justo cuando todos me necesitan me encuentran, y cuando yo necesito de ellos nunca están. Y si pienso en aquellas personas que me han demostrado su cariño... cariño que yo no les puedo corresponder, me siento más afligido.

Siento que entrego mucho y que recibo poco. Pero de la misma forma que entrego mucho, oculto mucho también. Quisiera recibir paciencia, comprensión, empatía, cariño, sentir no sé... ya no sentir nada. Mejor será para mi, transformarme en un bloque de cemento frío y duro como el de esta berma, para que así no sea nunca más abatido. Total, como dice el dicho: entre más conozco a las personas... más quiero a mi perro.

sábado, 11 de marzo de 2006

No quedan días de verano

Aqui de nuevo...

No quedan días de verano
el viento se los llevó,
y un cielo de nubes negras
cubría el último adiós...



Sin duda, me terminó gustando este dúo español. En éste mismísimo momento escucho el tema "No quedan días de verano". Anteriormente había escuchado varias canciones de Amaral en la radio, pero durante este verano terminé por convencerme con el grupo gracias a la influencia de cierta personita. No soy un tipo fácilmente influenciable (eso hay que aclararlo), pero ella me ayudó a descubrir la fuerza interpretativa de Eva Amaral, la fusión de sonidos en sus canciones (rock, pop y flamenco) y el contenido realista de sus letras. Podría decir muchas cosas respecto a este dúo, pero eso es trabajo de un crítico de espectáculos. A mi solo me gusta, aunque yo le hubiese dado la antorcha de oro y la gaviota de plata en el festival de Viña.

Literalmente... no quedan días de verano. El sol ya ni calienta como antes y el mar se puso más bravo. Los días se hacen más cortos y el viento Sur sopla con más fuerza haciéndose más frío con el avance de los días. Típicos síntomas del adiós del verano y de la llegada del otoño (mi estación favorita).

Ayer quise ir a la playa, acompañado con amigos o por último con algunas de mis hermanas. Nadie me pescó. Pero el día estaba imperdible según yo, así que aproveché de sacar mi bicicleta y salir a revolcarme un rato a la arena y ver que se podría dar por esos lados. Así lo hice, pero ya no tenía el mismo gustito de hace días. Como haya sido la cosa, igual me relajé demasiado. Me bañe en las gélidas aguas de la Bahía Carnero y tomé sol hasta cuando estuve completamente seco antes de marcharme a mi casa.

Fue un verano muy particular, tranquilo... pero bueno. Fue distinto a los demás veranos, porque noté un cambio en mi actitud en comparación a los estivales ya pasados. Ya no era el tipo que andaba como loco rompiendo olas, ni el chico traumado que no lo sacaban del agua ni con grúa donde quiera que fuese. Tampoco anduve haciendo mis típicos numeritos en fogatas, ni en las salidas de camping, ni en aquellos asaditos varios (que no fueron muchos). Me encontré más maduro, aunque no tanto, pero algo, un poquito nada mas..., si..., no mucho...

Pero lo que más rescato de este verano, es que fue más familiar que los anteriores. Como que pasé mas tiempo con los míos. Me di el tiempo para conocer a mis hermanos después de tantos años sin sentarnos a pelear bien duro y a aclarar inmediatamente nuestras diferencias de modo civilizado. Tuve la impresión en que después de cinco años, ellos me volvían a conocer. Claro, porque pase más tiempo con ellos. No fueron días, semanas, ni un mes... fueron varios. Período necesario para ellos, para que pudieran conocer que no soy un hermano tan malo (jejejeje). Y de mis papas? ni hablar, con mi Mamá, la relación se estrecho mucho más. Pero aún así, no viviría con ellos ni jodiendo (toco madera).

Pero no sólo eso. Aproveché de reencontrarme con viejos amigos y ex compañeros de escuela y de liceo que no veía en años. Saber de algunos que ya estaban casados, que eran padres y que tenían una vida formalizada (por así decirlo). Muchos temas de conversación, algunos muy profundos y otros demasiados divertidos. Y con mis actuales “cumpas” con los cuáles pasamos gratos momentos.

Ahora me recuerdo de aquellas charlas que teníamos en la orilla del río en algunas tardes de Enero. Nos duraban hasta llegar la noche y terminábamos picados de zancudos y tullidos. O de las salidas en bicicleta en hora de once con el Cristián, donde siempre nos tenía que pasar algo, bueno o malo, pero siempre salíamos con una sorpresa. Las charlas y tallas que echábamos con la Abigail en el parque costanera, donde nos reíamos de nuestra visión (ella liberal y yo irónico) de ver la vida.

Ah! Y de mi estadía en el campo, en la cordillera, en el alto Bio Bio, en el lago Lleu Lleu compartiendo con las comunidades mapuches de ese sector. Cuando fui por primera vez a un Guillatum, a un funeral mapuche y donde conocí a mucha gente wuinca, como al intendente Tohá y a varios otros políticos. De las aventuras con mis primos, primitos y tíos en algunas reservas naturales y parques nacionales como el Tolhuaca y el Manzanar.

En fin, trataré de guardar esos buenos momentos de los que viví en este verano. Traté de resumir algunas cosas pero en general, es eso. Un verano “piola”, tranquilo y familiar. Y para que decir de esos días de calor... estuvieron geniales. Ya se me va este verano y no me queda más que recordarlo, escuchando de fondo las canciones de Amaral, que me ayudarán a atesorar estos gratos días de verano que ya se van.


domingo, 26 de febrero de 2006

Mi Soledad


Frío que siento perfecto, consuelo de tontos,
orgullo de necios, palabras sin fondos,
mi ahogo es sincero, en el mar de mi alma en deshielo.
Tiempo, rimando los versos, que pierden sin tus besos,
me entrego al recuerdo, sufriendo si pienso
y cansado me espero a que el tiempo lo cure
y me lo haga saber
Es mi soledad la que me insulta, pegada a mi piel,
la que me grita tienes que aprender, es mi soledad.
Es mi soledad la que no quiere ser, la que tiene el rencor,
la que me lleva siempre a suplicar
Por esos versos y caricias que me enseñó tu amor
Es mi soledad la que se deja ver, la que me hará aprender,
la que me lleva siempre a recordar
Lo que es la amarga, pura y dura, soledad.
Es mi soledad.

sábado, 25 de febrero de 2006

Yo y mis siete dedos

Querido Blog:

Era día sábado, estaba cargado de sueño en pleno “post-mambo” de pasadas nochecitas aquellas. Hacía un calor que ni te explico. Como de aquellos poco días de verano en el sur del litoral chileno. 14:30 PM, recién almorzadito un poco escurridizo del ambiente familiar para evitar cualquier comentario lo más parecido a una llamada de atención. Me refugié en mi pieza, me recosté sobre mi preciada camita a leer algo que encontré por ahí sobre un peldaño de la escalera.

Pasó media hora cuando ya me encontraba somnoliento, algo atolondrado por el calor, el almuerzo y la historia de Sodoma y Gomorra que acababa de leer. Decidí dejar la lectura y descansar tendidito sobre mi cama, tratando de ver el paisaje que me ofrecía justo en frente la ventana de mi cuarto. No había mucho que ver realmente, era solamente un azul que invadía todo el ancho de esa ventana. No pasaba ningún pájaro (de seguro por el calor se habían caídos todos asados). Era solo cielo, cielo y cielo. Tan azulito que llegaba a cansar de tanto mirarlo. Comenzó mi análisis sobre... cosas de la vida...cosas en general, y al mismo tiempo hacía el intento de ver más allá de ese azulado cielo. En eso estaba cuando de repente se me vinieron las siguientes interrogantes a mi confundida cabecita: ¿Cómo será vivir en un mundo sin maldad? ¿Cómo sería ese mundo? ¿Cómo sería yo? ¿Que es la maldad?. En fin, algo que me resultaba difícil imaginar, y que me provocaba una cierta crisis existencial.

Traté de voltearme de lado para decidirme a dormir de una buena vez, pero al mirar mis pies me encontré que algo raro tenían mis dedos del pie derecho. Me fijé bien y como que los encontré abundantes. Hice un esfuerzo óptico y los comencé a contar. Noooooo ¡¡¡¡¡. ¡¡Contaba siete dedos!!!. Pero como ?¡¡. Conté como 10 veces pero seguía contando siete dedos. NO podía creerlo ¡¡¡ Comenzó mi desesperación. Que hago?? (fue la pregunta de mi resignación). De inmediato aparecieron mis rápidos pensamientos sobre como lo iba a ser para sacarme estos dedos que me aparecieron de la nada.

Me acordé que un tío, tuvo que operarse de los pies amputándose un dedo, porque había nacido con seis dedos en cada pie. Ahí estaba mi conclusión, era mero asunto genético. Me sentí aliviado porque no era el único que tenia dedos supernumerarios. Pensé tanta cosa..., hasta de un capítulo de los “Archivos Secretos X” donde aparecían personas con más de seis dedos en los pies y que eran de otro planeta. Nooooo ¡¡¡, eso me perturbó más aún ¡¡. Pensar que podría ser un extraterrestre, nooooooooo!!. Me sigo mirando los pies y ahora veo que el izquierdo también tenía siete dedos...waaaaaaa!!. Mi desesperación era total. Ya veía a los marcianos que me venían a buscar ¡¡¡. Trataba de levantarme para correr y hacer algo pero mi cuerpo no respondía. Trataba de gritar y no se me escuchaba la voz. Sólo podía mover mi cabeza de lado a lado. Me sentía atrapado y con pena al verme tan desesperado.

En eso estaba, cuando un recio viento sacude mi cuarto y las cortinas de mi ventana. Era tan frío que me vinieron uno que otro escalofrío. _Por qué viento si el día estaba tan lindo? me pregunté. Y sin pensarlo me levanto de la cama así como si nada. Chuas ¡¡¡. Habían pasado las seis de la tarde y ya comenzaba a hacer frío. UUUFFFFF ¡¡¡ que alivio ¡¡¡¡. Había sido un sueño solamente. Que felicidad ¡¡¡. Menos mal que no era cierto eso de los siete dedos. De inmediato me agarré de los pies y contaba mis dedos una y otra vez, para estar seguro que eran cinco en cada pie. Fue el medio alivio.

Me decido a vestirme, cierro mi ventana, bajo las escaleras y me encuentro con mi madre a quién le hago la siguiente pregunta: _ ¿Has notado algo extraño últimamente en mi?. Ella me responde: _Si. Encuentro que te estas poniendo un poquito loco últimamente. De seguro mi madre acertó a lo que yo ya sospechaba. Entonces preferí no contarle lo de los siete dedos, o sino me mandaría con un psicólogo. Una salvada más, hasta ahora.