domingo, 18 de julio de 2010

Fragmento: Himno Del Ángel Parado En Una Pata.

El recuerdo más antiguo que conservaba de su madre era cuando él se empinaba apenas por los cinco años de edad. Era una tarde alta de arreboles, se ve llegando de la calle apurado (“Mi talón de perro”, le decía siempre ella, entre formal y risueña, al verlo llegar a casa hecho un pililo). Viene llegando de la calle y trae una pequeña gran duda atravesada en su cerebro de niño. Su madre, sentada en la cocina, está entonando un corito evangélico mientras se seba de uno de sus litúrgicos mates de la tarde. Entonces irrumpe él y le pregunta, con cierto vago temor –no vaya a ser cosa que ella tampoco lo sepa y por eso se vaya a sentir mal-, le pregunta despacito: “¿Mamá, cuánto es tres más tres?”. Y ella, rápida y alegre como un ábaco de colores, responde: “Seis, pues hijo”. En ese momento sintió a su madre más alta y más hermosa que todas las tardes del mundo.

Libro: Himno Del Ángel Parado En Una Pata.
Autor: Hernán Rivera Letelier.
2003.

lunes, 5 de julio de 2010

Concepción.

Capital regional, sede de empresas pesqueras y forestales, cercana a los puertos más importantes del País. Sólo después del 27 de febrero de este año, se atrevieron a catalogarla como “la segunda ciudad más importante de Chile”. Hoy en día, todo el centro de la ciudad parece haber resistido a un bombardeo. Y entre sus ruinas y escombros, de sus habitantes se proyectó la peor cara al mundo -el llamado terremoto humano-. Nadie imaginó que Concepción, pujante ciudad, guardara entre si una realidad social propia del tercer mundo.

Siempre me gustó su actividad comercial y las oportunidades laborales que ofrecía. De su hermoso emplazamiento y esa armonía natural que la diferenciaba de Santiago.

Entre mis historias en esta ciudad, nunca antes me enfrenté a tanta realidad humana. De familias desechas, resquebrajadas, casi inexistentes. La ciudad de los muchachos solos, de  madres solteras esforzadas y padres ausentes. Personas que en sus vivencias cotidianas, ocultaban más de algún trauma. En muchos casos, cuentos relacionados a drogas, de conflictos y materialismo obsesivo. Personas capaces de vivir con 10 horas diarias laborales a 90 minutos de un supuesto hogar; entre el bullicio y velocidad de las micros, tacos de autopistas, ataques “de lanzas” en el Barros Arana, y con ese olor constante a mariscal caliente los fines de semana.

Entre todo lo superficial que se ve en los estacionamientos del “Plaza del Trébol”, se guardan muchos testimonios de esfuerzo, de superación personal, de exitismo. Si las calles de Concepción hablaran, de seguro relatarían un millar de historias fatuas.

Un Café de Madrugada.

Le he dado un beso apasionado a lo prohibido e inmoral. 
Y entre mis labios ha quedado, 
ese sabor suave y tibio de un café con agua brava.
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Caminando en la Orilla.

sábado, 12 de junio de 2010

Control Médico

Como raras veces se veía, la oficina de la Consulta Médica estaba colapsada por padres junto a sus niños enfermos. También personas de la tercera edad, esperando ser atendidos por los 3 doctores y una dentista que trabajaban en sus respectivas salas. Es una fría noche de otoño, muy oscura a causa de la niebla, con la novedad del temblor grado 5,2 a las 7:16 PM, el que nunca percibí.

Iba preocupado y nervioso. La secretaria con el televisor a todo volumen viendo “Yingo”, el llanto de la pequeña María Belén y una que otra carcajada entre conocidos (haciendo corta la espera), era el escenario de todo. Me senté en el único banquillo desocupado justo al lado del baño. Como no quería ver el programa favorito de la secretaria, decidí tomar una revista y sumergirme entre sus fotos, pensando en la mejor excusa sobre que decir al médico en otro nuevo control.

La “Vivienda y Decoración” se notaba interesante. Colores, paisajes geométricos, letras grandes y letras chicas, parecía no distraerme. Ya en cada hojeada la angustia poco a poco parecía temor. Y no era por entrar a ver al Doctor y explicar que el tratamiento no había dado resultado. Era a causa de la misma desagradable y odiosa angustia, que a cada hora me atormentaba durante mis últimos meses.

Cuando ya no parecía salir de mi estado de pánico, me distrae el dialogo de la “viejita” de al lado. En una voz casi profética, le conversa a otra señora un tanto siútica, de los problemas y tragedias de la vida. “Todos hemos perdido algo. No podemos tenerlo y ganarlo todo…aunque no quisiéramos, eso pasa. Me refiero a cosas materiales, personas, logros, fracasos, incluso la salud”. En ese momento, la secretaria atina a bajar el volumen del televisor y dedicarse a lo suyo, quedando la sala de espera casi a merced de la experiencia de vida que ganó la señora. La muerte de una hija a causa del cáncer y el cambio de trabajo, la llevaron a estar en un profundo estado depresivo. “Entendí con ayuda de algunas personas, que todo en la vida tiene solución. Que las cosas malas pasan por algo, y que efectivamente es así. Los problemas que uno se toma enserio, solo contribuyen negativamente en nuestras cabezas, para achacarnos y enfermarnos más. Cuando existe un problema y tiene solución, ya dejó de ser un problema, porque tiene solución. Y si ese problema no tiene solución, tampoco es un problema, porque no tiene solución. No vale la pena gastar nuestras energías por cosas que no dependen de nosotros. Y es raro que ningún problema no tenga solución hoy en día, si sabemos recurrir a los medios correctos. Para todo y siempre hay una salida”.

La señora quien estaba siendo receptora de aquel consejo, de inmediato entendió el significado de lo que le estaba diciendo, y pregunto:
_ Entonces “Tere”, ¿A que vienes hoy al médico.
_ Esperando a mi hija que es la dentista que atiende allá dentro _ respondió.

Mientras me levanto para cambiar por otra revista, comienzo a pensar en mis problemas y en sus soluciones. Empiezo a darme cuenta que quizás, esta enfermad sea algo netamente psicosomática, y que lamentablemente el Doctor no quería asimilar. Estaba claro que sus largos tratamientos, lejos de hacerme mejor, me hacían sentir mucho peor. Era el momento de asimilar ese diálogo, que sin pensar siquiera alumbró de repente mi conciencia.

Estaba seguro que el Médico me entregaría una nueva receta. La cuarta de todo este largo proceso. Y antes de enterarme de que nuevos remedios se trataría esta vez, apenas llamaron mi nombre para entrar, decido que no los volvería a comprar. No regresaría a la farmacia, a tener que ver la cara de la misma Químico Farmacéutico mientras me registra en su PC, comprobando la veracidad de la indicación. Ya tenía claro desde ése minuto, saludando y mirando de frente a mi Doctor, que el remedio y la solución sería otra.

El Secreto De Sus Ojos.


"...Y ya parece que no lo hubiera vivido. 
Más bien parece el recuerdo de un recuerdo lo que va quedando".
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domingo, 23 de mayo de 2010

De Regreso

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Después de casi 3 años alejado de la blogósfera, he decidido volver a escribir. Durante todo este tiempo, la sola idea de ejercitar nuevamente la improvisación, era abatida con un sigiloso miedo. Temor a darme cuenta que quizás, ya no quedarían restos del mismo Adán de un comienzo.

Durante este año, luego de un largo viaje de verano que casi resulta sin retorno (pues el avión en que viajaba por poco se cae). De casi ahogarme en una piscina y de arrancar de un tsunami el 27 de febrero. Después de vivir varias semanas con el miedo latente de que a 800 metros de mi ventana, el mar nos asechaba con cada réplica del terremoto (que hasta el día de hoy se sienten en las costas del Bíobío). Finalmente decidí explorar dentro de mí y dejar andar mi inspiración.

En mi entorno las cosas siguen tan igual como en aquellos años. Vivo en la misma ciudad, sigo en el mismo trabajo y rodeado de la misma gente. Afortunadamente y después de todo lo que ha pasado, puedo decir que siguen conmigo. Aún vive mi perro, mi amigo, mi testigo, que con sus 15 años, ciego y sordo me acompañó un día, después de varios años, a la misma ruta de siempre. Ya no trotando como lo hacíamos antes, sino que a descansar y meditar en aquella laguna, que a ambos tanto nos gusta. Y mientras depositábamos los barquitos de papel con los nombres de las almas perdidas en señal de despedida, me reconciliaba con la memoria y me detenía al principio. Volvería a contar en historias y relatos, antes que todo en mi entorno cambie, lo ganado y lo aprendido.

Hoy tengo la necesidad de decir que he reído, que he vuelto a llorar. Que un día soñé y de a porrazos y sacazos desperté. Contar que a ratos me creí ser parte de varios sueños e historias. Entendí que los meses, sea como sean no pasan en vano. Y que uno sin darse cuenta va madurando. Tengo esa sensación de mirar al cielo y dar las gracias, por el todo y por la nada. De no perder de vista mi origen y asimilar el camino recorrido. 
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He vuelto a despojarme de lo malo y dejar cerrado los últimos círculos. Volveré a relatar de la forma mas humana posible, los colores nuevos y días claros vividos.
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En la Arena.

Por Pensar Algo...

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"No habría podido conocer la decepción y la desilusión, si no me hubiera atrevido a perder el miedo de arriesgarme a soñar".


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Keane - Everybody's Changing