domingo, 10 de septiembre de 2006

La Gitana y Yo



Esa mañana me dio por escuchar Estrella Morante y Kusturica. No se por qué, pero el ruido de los acordeones, trompetas y violines, resonaban mucho más en mis oídos que los aullidos del vocalista de System of a Dawn, que anteriormente escuchaba.

Pasadas las 12 del día, me dirigí al centro de la ciudad a realizar una que otra compra. La variedad de pedidos (CD’s, archivadores, tarjetas para el celular, pollo asado y crema para el postre), me decía que el recorrido comercial sería extenso.

Mientras caminaba por la vereda entre Hola’s y ofertas varias, diviso entre la gente una falda floreada de color rosado. Aquel movimiento característico de caderas, esos hombros erguidos y aquella cabellera sucia y malamente teñida, no podían sino corresponder al de una mujer gitana. Dejé de preocuparme en esquivar a la gente (que circulaba presurosa), y detuve mis pensamientos en la gitana y en todo lo que significaba su mundo. Pensaba en que hace un tiempo atrás, el ver gitanas en la vía pública me causaba un cierto recelo. En ese momento, aquel sentimiento se había convertido en una pequeña (pero creciente) curiosidad por saber más de su cultura, que muchas veces ha sido graficada de manera fidedigna o falsa en películas y novelas. Recordé que cuando realizaba mi práctica profesional en Cañete, me topé con 4 señoritas gitanas. Y aunque esa vez estaba disponible para que "me vieran la suerte”, fui ignorado por ellas como queriéndose escapar de mí.

En eso estoy, cuando sin darme cuenta, paso a rozar el cigarrillo que llevaba la gitana en su brazo derecho extendido a lo ancho de la vereda. _ ¡He paisano! ¿Me da una moneda? Atinó a decir casi en el instante. Me propuse seguir caminando con total indiferencia pero la gitana insistió. _¡Paisano… una moneda! Hey…Hey… Buen mozo…! La suplica por una moneda se había convertido en piropos. A lo mejor fue parte de su estrategia o bien me miró con “otros ojos”, pero al verme aludido por ella decidí corresponderle. La gente que circulaba y que escuchó lo que la gitana me había dicho, esperaba mi reacción con cara de asombro y burla.

Creyendo que en mi bolsillo llevaba monedas de $100, le entrego una, pero al verla en su mano, me di cuenta que eran $500. _ ¡Eh… muchas gracias paisano! ¿Si quiere te puedo ver la suerte? Me dijo, tratando de agarrar mi mano luego de darle la moneda. _No gracias… no creo en esas cosas. Le respondí, para seguir con la última compra que me faltaba (pollo asado). Me miró fijamente en cuestión de segundos y a pesar de que quiso insistir en decirme algo, arregló su cabellera y se fue repitiendo palabras en su idioma.

Seguí mi camino ante la mirada sarcástica de los vendedores ambulantes. Pero también, con la incertidumbre, de lo que me hubiera dicho la gitana, si en ese momento dejaba que a través de mi mano “viera mi destino”. Aunque mas que interesarme por mi futuro, perdía la oportunidad de conocer mas del mundo de los gitanos. Un mundo “cerrado”, pero cautivante para muchas personas que admiran su sobrevivencia frente a la contemporaneidad.


viernes, 1 de septiembre de 2006

Preocupación Paternal

Hija: ¡Papá…! Tengo novio.
Padre: (Chit’s) ¡Menos mal... ya era hora ya!
Hija: Si... pero...
Padre: ¿Y cuando se casan?
Hija: ¡No po! Si estamos recién comenzando... mas adelante quizás.
Padre: ...y cuál es el pero?
Hija: Eh... es que es Biólogo Marino.
Padre:
¡¿Y eso que importa?! Lo que me interesa es que sea un Hombre nomás! Así como están los tiempos hija…


miércoles, 30 de agosto de 2006

Historia... De Una Vez Contigo

Ahora, he comenzado a ver lo bello de un principio y lo triste de un final, en una historia singular, corta, pero a la vez intensa.
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En esa ocasión nos sentamos juntos en la “micro”. Estábamos totalmente desorientados y sin tener idea del trayecto. Nuestro objetivo era llegar al Terminal de Buses de aquella ciudad, desconocida para nosotros. Mientras recorríamos el centro, nos íbamos quedando solos en el microbús. Luego de pasado un rato, me dices: Me llevas apretando contra la ventana!. Las excusas que te di sólo me hicieron ver más ridículo. Pero como te lo dije en ese momento (casi susurrando y un tanto avergonzado), "me gustaba la idea de sentirte cerca". Cuando me decidí a cambiar de puesto, para no molestarte más, me dices entusiasta: No te preocupes, no ahí problema… a mí también... Te miro feliz y tu también. Y así nos fuimos... mirándonos el uno al otro. Contentos por lo que comenzábamos a sentir, no importando a donde nos dirigíamos.
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Después de 20 minutos, la imagen de un potrero inundado que se mostraba por el ventanal izquierdo del microbús, nos decía que nos habíamos perdidos. _ ¡Ya pasamos el Terminal hace 15 minutos! Les avisé pero parece que no me escucharon. Fue la respuesta del chofer al vernos preocupados. La solución que nos dió aquel señor era, que si tomábamos cualquier microbús que pasara por al frente, nos dejaría justo afuera del Terminal dentro de 20 minutos más de viaje. Nos bajamos muertos de la risa. En ése entonces, perdidos y mojados bajo la lluvia, se seguiría escribiendo lo que sería nuestra historia.
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Ha pasado un buen tiempo después de aquella vez juntos, y muchos vaivenes entre nosotros. Ahora, he comenzado a ver lo bello de un principio y lo triste de un final, en una historia singular, corta, pero a la vez intensa. Todo entre nosotros ya está dicho. Solamente me resta, dar vuelta la página del último capítulo, de lo que fue... nuestra historia. --

Si tanto he esperado...
poder sentir algo tan grande,
es muy triste,
ver su final.

miércoles, 23 de agosto de 2006

De Visita al Doctor



Desde chico fui enfermizo. Es común que cuando me pregunten ¿Cómo estas? mi respuesta sea: Me siento morir. Comienzo en abril con las típicas gripes. Luego en mayo y junio con las amigdalitis. Julio llega con las Bronquitis y las obstrucciones pulmonares, para terminar en octubre con las congestiones. Y dependiendo de cómo se venga el año (o la mala suerte), una que otra gripe en diciembre. En fin. Lo peor de todas estas complicaciones aparte de sentirse “pal’ gato”, es tener que ir de visita al Doctor.

En ciertos casos me resulta detestable ése trámite. Eso de no “cachar” nada de medicina, términos y tratamientos clínicos me hacen sentir en cierta forma un ignorante y un total desvalido. Y uno en esas materias es tan ingenuo, que cae de inmediato en la “buena voluntad” de aquel señor(a), que por 15 minutos (como mínimo en su oficina), pasa a convertirte en tu confidente para después: “si te he visto no me acuerdo”.

Siempre cuando entras a la oficina de su consulta te miran como un ser inferior. Saben que eres un pobre individuo, débil e ignorante. Yo lo tengo claro por que he ido varias veces a las clínicas o consultorios, que por suerte lo único que no cambian son las fichas médicas. El doctor que vi la última vez se “mando cambiar” a Cuba a realizar una especialización (de seguro en playa Del carmen), y la última señorita asistente la echaron por un “condoro” que cometió con un paciente, seducido seguramente por ese lindo “par de ojos” que dejaba mostrar inescrupulosamente.

Cuando uno entra a la “oficina” del Doctor con lo primero que tropiezas es con la camilla. Te hace un montón de preguntas, mientras anota todo lo que uno dice (o casi todo), en un PC o en una libretita (dependiendo si la consulta es por FONASA o particular). Luego te obligan a sacarte la ropa (parcial o totalmente) para ver si estas diciendo la verdad. ¿Qué te duele? Toce para ver si tienes flemas. ¿Al respirar, sientes que te silva el pecho? ¿Puedes dormir en las noches? A ver tus amígdalas. Etc… etc!! Todos esos exámenes intimidatorios te quieren decir: No te creo nada, eres un hipocondríaco o mas bien un “pilluelo” que no quiere ir a trabajar o asistir algún examen que a última hora no estudiaste.

Después que aquel señor desconocido de manos frías te ha manoseado hasta mas no poder, se aleja de ti, dejándote sobre ésa camilla que arriba tiene un papel confort gigante. Cuando ya se sienta en su escritorio, mientras tu te quedas desnudo y preocupado por tu situación, te grita a lo lejos: “Ya vístete”. Frase que te diferencia sólo por un “le pago con un bono no?” de una prostituta. Entonces, cuando ya logras vestirte de forma incómoda, te sienta nuevamente en frente de su escritorio (como si vinieras a pedirle empleo), mientras a ti te sudan las manos de preocupación y con la expectativa de saber si tienes tuberculosis o si sólo necesitas una aspirina.

Ahí viene la parte en donde te da una pila de medicamentos que pueden ser: Clorfenamina y Paracetamol 500 mg cada 8 horas. O si la cosa es mas grave Tetraciclina 500 mg más Salbutamol por 15 días cada 8 horas. Y no faltan aquellos doctores “zarpados” que te dicen “patúamente”: Póngase de espalda sobre la camilla que le pondremos una inyección. Y otros doctores que te mandan hacer unos tediosos exámenes, para buscar que se yo… estreptococos, bacilococos y todos los bichos de la familia cocos habidos y por haber en la sangre.

Al final vienen las risitas fingidas y preguntas varias sobre tu vida (dependiendo si la visita se hizo corta) y un hasta luego. Ah!! Y no falta el que al final te dice: Si las molestias persisten no dude en volver a visitarme. Sin duda desagradable. Pero no me queda otra. Otra vez de visita al Doctor.


[[ A mis amigos Doctores y a los que estudian Medicina, por favor no se molesten, fué con todo mi cariño (Jijiji...) ]]

martes, 8 de agosto de 2006

Andando en Bicicleta


"La vita é come andare en bicicletta. Solamente Lei
precipita se Lei ferma pedalare"

"Viver é como andar de bicicleta. Você só cai
se parar de pedalar"


"Vivir es cómo andar en bicicleta. Sólo te caes
si dejas de pedalear"




Claude Pepper

martes, 1 de agosto de 2006

Te Recuerdo Marcia


Hay momentos en la vida en que nada resulta y todo termina
en malos ratos. Es en ésos instantes, cuando recurro a los gratos recuerdos de aquellas personas que en algún momento de mi vida, han contribuido en mi crecimiento personal, y que ahora por distintas razones ya no están cerca.

De entre tantos amigos, se me viene a la memoria mi ex compañera de carrera, Marcia. La otra vez cuando me llamó, fue una grata sorpresa volver a escuchar su amable voz y sentir su simpatía tan cerca otra vez. Me llevó a recordar viejas fases olvidadas, que en cierto modo necesitaba recordar.

Junto a ella pasamos muchas etapas comunes en nuestra vida universitaria. De un eficiente equipo “simbionte” de estudio e investigación, pasamos a ser testigos de nuestras propias desventuras y logros. Compartimos momentos de festejos, diversión, penitas varias, pero también de mucha risa. Lo que mas recuerdo de ella en éste minuto, es la típica frase: “¡Pero Adán!… tienes que ver el lado positivo a toda la situación”, que en un tono de broma y seriedad me decía, cada vez que le contaba o se enteraba de mis cuitas. Y siempre que yo lo hacía, las conclusiones eran carcajadas unánimes por lo absurdo que podrían resultar algunos problemas.

Ambos compartimos una misma afición por la agronomía, la ciencia, el bien común, el cine, las series de TV, los animales y sobre todo… los gatos. Destaco de ella su tolerancia y enorme paciencia, no sólo conmigo. Es de aquellas personas que estan dispuestas a escuchar en todo momento. Nuestras charlas se caracterizaban por un humor irónico y una mirada a veces soñadora de la vida. Recuerdo, cuando intentábamos arreglar el mundo cada vez que caminábamos esos 30 minutos por la avenida Pablo Neruda rumbo a nuestras casas, aún aguantando el frío y la lluvia de Temuco. O cuando nos reíamos en el laboratorio de Química junto al Pancho, el Esteban y la Paula, hablando “cada cosa” de los distintos personajes que nos rodeaban.

Ya será un año que no nos vemos. El destino que una vez nos unió en etapas comunes, te envió al interior del desierto de Atacama a ejercer tu profesión, siendo nacida y criada en el Sur de Chile. Es mucha la distancia entre nosotros, pero las ganas de sentarnos a conversar de la vida, ya sea caminando a través del smog de Temuco o al calor de una estufa tomando café, están más viva que nunca.

De verdad te hecho mucho de menos mi querida amiga. Como a muchos de nuestros amigos y compañeros. Espero que muy pronto podamos volver a encontrarnos. Se que lees mi Blog allá en Atacama y desde acá te deseo a través de mis palabras; ¡Toda la suerte del mundo! Muchos cariños y un fuerte abrazo. Desde siempre tu amigo y hermano: Sólo Adán.


domingo, 9 de julio de 2006

Una Hermana y su Abrazo

Querido Blog:

Mientras transitaba solitario por el anochecer reciente de aquel día, esquivando al viento invernal que me apresaba por las callecitas del Barrio Madera, me tropiezo con una escena que llama mi atención. En la plazoleta siguiente, justo al frente en mi dirección, dos muchachos avanzan presurosos pretendiéndose escapar de la lluvia, que con aislados goterones anunciaba su caída.

Los personajes: una chica de aproximadamente 17 años de edad (muy bonita por lo demás), se hacía acompañar por un chiquillo desabrigado, delgado, a simple vista cuatro años menor que ella. Ellos no se dan cuenta que de entre las sombras de los antejardines, a muy poca distancia los observo.

La muchacha abraza al niño en una acción natural y algo protectora. El chico visiblemente molesto por ese gesto de cariño le refuta lo siguiente: ¿Para qué me “abrazaí”?! ¡No me gusta que me abracen! Ella le responde en un tono conciliador y casi maternal: Pero si somos hermanos… de que te preocupas? _Pero a mí no me gusta que me “abrazí” tú…! aparte... nos pueden ver mis compañeros. Le respondió el muchacho. Ella, como sacando frases desde lo más íntimo de su corazón le contesta: Déjame abrazarte ahora que estás “chiquitito”, porque cuando más grande serán otras las que te abrazaran y que a lo mejor yo, no conoceré nunca. Ahí te olvidaras de los abrazos de tu hermana y no los vas a necesitar jamás.

El chico más convencido de aquella idea se resigna, y se allega a su hermana con rostro entremezclado de placidez y conformismo. _Tonto! ¡Te dije que te pusieras casaca porque nos iba a llover! Ahora te aguantas si yo te tengo que cubrir. Fue la última expresión de la hermana. Luego de ésto, ambos se pierden entre risas por los callejones empozados del Madera, sin haber notado mi muda presencia.


En el instante adecuado, dejo escapar un suspiro vago motivado por la emoción de tan particular escena. Sigo en mi ruta a casa entretenido: pisoteando el agua y jugando con el viento y la capucha de mi parca, pero a la vez, meditando en las palabras de aquella hermana. Cuanta verdad y sentido, pero también… ¡cuanto error en las frases de la hermosa niña! Si bien, uno ha crecido y ha probado el calor de otros brazos, hay momentos en la vida en que el frío de las tormentas circunstanciales de tu destino, te hacen anhelar el abrazo protector de un ser querido. Quizás en esos momentos, el abrazo de un hermano o una hermana sea tu mejor abrigo. Son las cosas de la vida… de seguro, ya lo entenderá aquel niño.

Me detengo en la esquina y la lluvia me sorprende rauda a la salida del Barrio Madera. Ya no importa si me mojo. Sólo restan dos cuadras para llegar al calor del ansiado destino: Mi hogar.


martes, 4 de julio de 2006

Se nos fue Julieta


Mi niño… se me fue mi hermana”. Fue la exclamación entre sollozos y ahogos de la señora Nelly cuando me acerqué a ella a darle mis condolencias. Aquellas palabras tan sentidas, hicieron que mi pena, que ya había llegado a su punto más alto de acumulación, se hiciera manifestar con unas cuantas lágrimas en mis ojos. Aunque no soy de aquellas personas que lloran regularmente en público o en privado -más bien un tipo frío e indiferente- esa situación lo ameritaba bastante.

Mientras abrazaba a la señora Nelly, que avanzaba detrás de la urna por el pasillo principal del templo en donde velaban a su hermana Julieta, presentí, que por un segundo ella se desvaneció entre mis brazos. Me sentí con la obligación de expresarle alguna palabra de aliento mientras la sostenía. La verdad, no tuve valor para decirle nada. No me salían las palabras y aparte, nunca he sido bueno para esas cosas. Quería manifestarle mi congoja por la pérdida de su hermana, quién siempre me manifestó un profundo cariño.

Con más de dos mil personas asistentes, un templo evangélico repleto, el altar decorado con cintas blancas… y de fondo: la Carola entonando líricamente ese himno “Cerca Más Cerca, Oh Dios de Ti”, acompañada por el Iván en el órgano, hacía que el ambiente se volviera hermoso, casi celestial; pero a la vez penoso por la pérdida de una gran mujer, que todos los que estábamos ahí presentes tuvimos la suerte de conocer.

Julieta era una señorita de más o menos 45 años a quién la había conocido junto a su familia apenas hace unos siete años atrás. Nos unía una profunda amistad entre su familia y la mía. Una mujer muy extrovertida, tierna, carismática, desprendida, solidaria; siempre con una sonrisa en su rostro. A nosotros como familia nos quería bastante sobre todo a mí y a mis hermanos. Cuando nos encontrábamos en la calle siempre era un saludo cordial, acompañado de un beso, una caricia y un abrazo. Era de aquellas pocas personas que sin preguntar mucho sabía las inquietudes de los demás, y con cierta cuota de sabiduría te regalaba las palabras justas y agradables que necesitabas escuchar en áquel momento.

De su vida pasada no se mucho. Las malas lenguas decían que era una señorita “coqueta y enamoradiza”. Sin embargo, hace siete años, ella abrazó una Fe que cambio completamente su vida, su personalidad, volviéndose tremendamente alegre y positiva.

Julieta, pasó a formar parte de la larga lista de mujeres victimas del Cáncer de Mamas en nuestro país. Según dicen sus familiares, ella lo sabía de hace un año pero nunca optó por recurrir a los médicos para ponerse en tratamiento. En vida, recibió varias críticas por doctores y gente conocida, incluso de entre sus familiares. Sin embargo, ella había abrazado una Fe que era mucho más fuerte que su enfermedad. Su fuerte amor por Dios, la hacía confiar siempre en que él la iba a sanar y en eso se aferraba firmemente. Cuando conversaba con ella, siempre me decía: yo se que sirvo a un Dios vivo y grande, y si a él le place me va a sanar, y si no… que se haga su voluntad para conmigo. Ni lo alto ni lo bajo me apartara del amor de Cristo. Sin duda esa Fe me dejaba atónito. Al verla tan decidida, tan confiada, hacía que mi ego se volviera tan mínimo. Una alegría y una paz que irradiaba, aún debilitada en cama por el dolor. Jamás se sometió a tratamiento médico sabiendo la gravedad de su enfermedad. Decía que tomaba vitaminas de Fe todos los días. En su postración, seguía dando ánimos y fuerzas a la personas que la visitaban. Era sin duda una mujer admirable. Me faltan las palabras para describir aquella fuerza que se veía en sus ojos, que se transmitía a todas sus cercanos que la contemplaban en su terrible dolor.

A mediados de marzo de este año, ella llegó a mi casa con algunos “frutos de su fundo” como siempre decía. Y para mí, una botella de chicha de manzana “fresquita”. Esa vez fue el último momento que la vi en pie. Cayó en cama para no levantarse más y pasar 4 meses postrada, desahuciada, sin ningún remedio ni calmante que le apaciguara sus dolores.

El viernes en la tarde, por fin su cuerpo dejo de sufrir. Esa tarde, un ángel paso lista por ella allá en los cielos. En conciencia nos dejó, pero sus virtudes y su gran lección de vida; esa fuerza y esas ganas de vivir que siempre tenía, quedaran grabadas muy dentro de nuestros corazones.

En el servicio fúnebre del templo, el Pastor dijo en su mensaje: El hombre nacido de mujer es corto de días y hastiado de sin sabores. Mi piel se corromperá en el polvo pero mi alma renacerá para alabar al creador de mi alma. Agregó además: Julieta no ha muerto, ella sólo duerme. Nos aventajó en este peregrinar, dejando esta dura batalla de vivir en medio de los sinsabores de este mundo, para encontrarse con el amor y redentor de su vida. Palabras que sin duda nos consuela y nos dejan mucho que reflexionar. Quizás Dios no sanó su cuerpo, pero si su alma, y le plació su voluntad llevársela, por que vio en ella un tesoro muy preciado que necesitaba descansar.

Nunca antes la muerte y el cáncer me habían dejado tan conciente sobre estos temas. Pensaba en el propósito que Dios nos tenía en esta vida. Como se dijo en ese día: Jehová lo dio, Jehová Dios lo quitó, sea el nombre del Señor bendito.

Julieta... gracias por todo lo que nos has enseñado, dándonos una gran muestra de Fe y valor. Desde ya te decimos con mucha tranquilidad y consuelo todos los que te conocimos: QUE EN PAZ DESCANCES.

martes, 20 de junio de 2006

Confiar en Alguien

Yo te imagino dormida,
si llego a mi casa muy tarde.
Lo cierto es que no me acostumbro
a dormir al lado de nadie.
Cerrar los ojos y abandonarse.

No pongas un precio que no puedes pagar,
no quiero marchantes de arte.
No estuve en el casting de estrellas de rock,
no soy marioneta en este baile.
Sentirse solo, sentirse aparte.

Prefiero vivir a mi manera,
eso no hace daño a nadie,
pero quiero que me entiendan.
Déjame vivir a mi manera,
necesito que me creas,
necesito confiar en alguién.

Yo te imagino dormida,
si vuelvo a mi casa muy tarde.
Lo cierto es que no me acostumbro
a dormir al lado de nadie.

Siempre me voy...
siempre a ninguna parte,
mi vida es un vuelo sin motor.

Prefiero vivir a mi manera,
eso no hace daño a nadie,
sólo quiero que me entiendan.

Déjame vivir a mi manera,
necesito que me creas,
necesito confiar en alguien.

Déjame vivir... déjame vivir,
déjame vivir a mi manera.





CONFIAR EN ALGUIEN, PÁJAROS EN LA CABEZA - AMARAL

viernes, 2 de junio de 2006

Viernes de Verduras

Querido Blog...

Eso de tener el kilo de carne a un alto precio en el mercado nacional, producto de la no importación de carnes rojas desde los países del MERCOSUR por causa de la fiebre aftosa, ha hecho variar un poco la dieta en los hogares chilenos. En el mío no es la excepción.

Hoy día fue otro viernes de las “benditas” verduras. Primer plato: sopa de verduras; segundo plato: porotos con riendas; tercer plato: tortilla de acelgas acompañada de una especie de papas mayo, revueltas con brócoli, zanahoria y cilantro. De refresco una Pepsi, bien heladita para pasar el almuerzo (no había Coca Cola en la esquina o sino el comercial hubiese sido profético). De postre: juguito de pomáceas cocidas (membrillos + peras + manzanas). Ayer hubo zapallitos italianos rellenos. Para mañana…? es muy probable que sigamos con las verduras.

Bueno, no me quejo de los vegetales. Al fin y al cabo me gustan. Pero encuentro que para mí, el cambio de dieta fue muy rotundo. Desde que llegué a mi casa, eso de las dietas y el comer sano, es materia obligada a la hora de cocinar. No es que en mi casa coman solamente verduras, pero... después de tres días seguidos comiendo "pasto", se hecha de menos un buen plato de bistec con huevo y papas fritas. Para más remate, ahora en junio es más difícil poder organizar algún asado con los "kumpas". Con suerte... una completada. Aunque pensándolo bien, mejor es que no. Después de los asados siempre termino con un sentimiento de culpa por comer carne como "tigre después de huelga de hambre".

Para el domingo va haber pescado asado (reineta). No me “pescaron” mucho con la idea del costillar de chancho. O sea… mi pancita difícil que vuelva aparecer con este régimen. No ahí derecho!!